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viernes, 15 de mayo de 2009

La Receta Helada

Basta recordar el frío de Islandia para pensar en crisis económica. Islandia: país de bancos derrumbados, caídas de la bolsa del 77%, y demases condimentos gubernamentales, como renuncias y garantías que no se cumplen. Todo esto formaba el colorido contenido que para fines del año pasado llenaba las tapas de los diarios. Sin embargo, este país pareciera no ser la regla nórdica, o al menos no la única. Es que Noruega (según el NYT), país de vikingos socialistas, sugiere haber pasado la crisis sin siquiera sentirla y, luego de un pequeño mareo, estar celebrando las nuevas alzas del petróleo (recordemos, es el tercer país exportador de "oro negro"):

"And in the midst of the worst global downturn since the Depression, Norway’s economy grew last year by just under 3 percent. The government enjoys a budget surplus of 11 percent and its ledger is entirely free of debt."

La clave mágica: frugalidad bajo la sombra de un gran Estado para dentro socialista, y oportunista para afuera.

"Between 2003 and 2008 public spending in Norway fell to 40 percent from 48 percent of G.D.P. (...) Instead of spending its riches lavishly, it passed legislation ensuring that oil revenue went straight into its sovereign wealth fund, state money that is used to make investments around the world. Now its sovereign wealth fund is close to being the largest in the world, despite losing 23 percent last year because of investments that declined."

En resumidas cuentas: ¿cuál fue la receta del éxito? Cuando el petróleo se iba para arriba (no sólo en 2008, sino desde mediados de los 70) Noruega ahorraba, y usaba ese dinero para expandir la presencia de un Estado todoprotector. Cuidándose de excederse en los gastos y en las deudas contraídas para financiarlos, entonces no había problemas en los momentos de crisis. Por el contrario: por ejemplo, la ministra de finanzas decidió comprar acciones con plata de un fondo soberano a fines del año pasado, en un mercado bastante similar a un todo por 2 pesos de los 90´s. Con más o menos sinceridad, esa misma ministra después termina diciendo cosas así, para la foto y el cierre de la nota:

“As a socialist, I have always said that the market can’t regulate itself,” she said. “But even I was surprised how strong the failure was.”

viernes, 27 de marzo de 2009

Bajo cero


Islandia en el horno, así titula Juan Forn esta nota sobre la deblaque islandesa. Y es que Islandia realmente pareciera estar en el horno. Se lo ve por todas partes, por ejemplo: “El Gobierno de Islandia ha decidido cerrar su embajada en Managua a partir del 1 de agosto de 2009"; nota en la que el jocoso diario nicaraguense aclara: "Aseguran que por crisis mundial, y que nos siguen queriendo". O sino, algo así: "Islandia completa la nacionalización de su sistema bancario tras asumir el control del banco Straumur". Nada muy propicio para un país otrora defensor a ultranza de las políticas neoliberales. O algo así, en El País: ""Islandia se encuentra en una situación desesperada. El país ha naufragado y la sociedad se derrumba. Los próximos dos años serán terribles"."

Todo lleva otra vez a la nota de Forn, donde el mismo periodista, en una conversación con dos Islandeses, cuenta esto:

"Los 300 mil habitantes de Islandia deben hoy cerca de 250 mil millones de euros (es decir, casi un millón de euros por habitante). El Reino Unido, Alemania y Suecia le reclaman un resarcimiento superior al que los Aliados impusieron a Alemania después de la Primera Guerra. La moneda islandesa (el kronur) no vale nada, la gente retiró los ahorros que pudo de los bancos antes de que quebraran, pasó esa plata a yens o euros y la puso bajo el colchón. (...)

Así llegamos a principios de los años ’90 y el auge de la timba financiera global. La muchachada islandesa no fue ajena a la fiebre de los commodities y los bancos de inversión. (...)

En octubre del año pasado, la burbuja explotó. El Landsbanki, el Glitnir y el Kaupting (todos bancos) quebraron sucesivamente. La mitad de Islandia se quedó sin trabajo y la otra mitad sin ahorros. El gobierno garantizó que todos los damnificados cobrarían tres meses de indemnización. A los tres meses cayó el gobierno."